Los jueces de la Cámara de Cuentas

Junio 17, 2008

tony-pina-1.jpgPor Tony Pina

La Cámara de Cuentas nació con la proclamación de la República. Sin embargo, su antigüedad de nada ha valido para que esa institución haya madurado a través del tiempo. Más bien, ha sido un organismo burlado y usado por todos los gobiernos, dictatoriales y democráticos, convirtiéndolo incluso en una entelequia a la que se llega no por méritos sino por cabildeos.

La infuncionalidad de la Cámara de Cuentas no es de ahora. Se arrastra desde los albores de la dominicanidad. Pedro Santana, desde la primera Presidencia, la utilizó para “contar” los cuartos de los guardias. Tal vez esa fue la importante función de esa institución en toda su historia, aunque sus objetivos únicamente esos sino los de transparentar todas las finanzas del Estado. Buenaventura Báez, en sus distintos gobiernos, ni siquiera le hizo caso, la marginó por completo, mientras Ulises Hereaux se la metió en un bolsillo, privándola hasta de su existencia.

Y así, hasta nuestros días, ha devenido en una entelequia un organismo que debió ser la garantía del manejo del erario. Joaquín Balaguer lo sabía muy bien, por eso nunca le dio connotación y también la manejó como una cenicienta.

Ahora que nuevamente la Cámara de Cuentas se ha convertido en una piedra de escándalo, me llega a la mente el efímero periódico La Nación que dirigió Julito Hazim, cuando Andrés Terrero, de salto en salto, yendo y viendo en una “voladora” desde su natal Villa Altagracia a Santo Domingo, en ocasiones haciéndose pasar como periodista escribiendo garabatos en algunas páginas editoriales, de golpe y porrazo fue nombrado “contable” de ese medio propiedad del entonces “sólido” Banco Intercontinental (Baninter).

Quebró La Nación, luego El Siglo y después Baninter, y Andrés Terrero se manejó como las libélulas en tiempos de lluvia.

No sé cómo llegó hasta el Partido de la Liberación Dominicana, pero me han dicho que de la mano del actual presidente del Senado y secretario general de esas organización, Reynaldo Pared Pérez. Bueno, pero cómo llegara no importa porque vivimos una sociedad que no importan los medios para llegar sino llegar.

Lo cierto es que llegó Terrero a la Cámara de Cuentas, el protegido de Julito Hazim, y llegó como Juanita, cargada de letanía, y en menos de dos años ya ha protagonizado dos escándalos, cada uno con la connotación de la gravedad como para haberlo hecho saltar del cargo en que fue erigido.

Ahora, leyendo sus declaraciones después de ser interrogado por una comisión de la Cámara de Diputados que le prepara un juicio político, me doy cuenta de que el botín de la Cámara de Cuentas se lo repartieron en “funditas” y, como le tocó a un juez sordomudo el cargo de secretario de actas del organismo, alguien dentro de los magistrados se inventó la fórmula de nombrar a un hijo del juez discapacitado para que éste levantara las actas de las sesiones.

De manera, pues, que si así han llegado los actuales jueces de la Cámara de Cuentas, nada me extraña que aprendieran la fórmula para aferrarse a sus cargos y quedarse en sus poltronas que poco esfuerzo les ha costado, porque constitucionalmente no existe ningún estamento o instancia que pueda auditar una dependencia en que sus miembros no son pasibles de ser auditables, sino que pueden ser enjuiciables.