Alharaca en Baní, pero está en todas partes
Agosto 12, 2008
Por Mayobanex De Jesús Laurens
Se expande por todas partes y ha estado presente por años, generando una amalgama de expresiones de impotencia y frustraciones ante lo fallido, y que siempre ha pernoctado entre nosotros, pero que viene en crecimiento, deteriorando la sociedad en su conjunto. Lo vemos a diario en las noticias. Se comenta, se hacen editoriales, se organizan debates para analizar las causas y su combate, y charlas para su prevención.
Tanto ruido en Baní, cuando sucede en todos los municipios. Está en cada barrio. Cualquier centro comercial es un medio de distribución. Es una mercancía que viene en varios tipos y diferentes precios. Dependiendo del efecto deseado, el valor tiende a aumentar.
Se ha convertido en un a especie de moda entre la juventud. Ya no solo los varones; las hembras muestran su interés. Para muchos las fiestas y los tragos no tienen sentido sin su consumo. Una cita sexual debe estar acompañada de un tope, para otros. Si hablas con uno de los que expenden su venta y preguntas quiénes compran, te dicen que desde el loquito del barrio hasta el ingeniero, el médico, el abogado, el empleado, y hasta mencionan gente de cierto nivel alto.
Funciona como los negocios de bancas de lotería. Está en cada provincia. Tiene sus distribuidores y los intermediarios que las llevan a los lugares de expendios. Las ventas se dan mayormente en las noches, aunque hay ofertas a cualquier hora. Cada encargado de un punto de distribución tiene una comisión por venta. Los intermediarios deben pagar el peaje diario a los agentes para mantener la alerta contra redadas.
El negocio crece, pues cuando hay oferta y fuerte demanda, el éxito económico está garantizado. Es una fuente de empleo y un medio de circulación de dinero que mueve la economía de las provincias. Todo en deterioro de la sociedad dominicana.
Pero, ¿dónde están las reales causas del flagelo? Está en los cientos de dominicanos que mensualmente deportan de los Estados Unidos por cumplir condenas por actos delictivos y por acciones ligadas al narco. Está en la confabulación entre autoridades, militares y los distribuidores, quienes reciben por separado altos beneficios del negocio. Está en la semilla de unos cuerpos castrenses corrompidos en gran parte de sus estructuras.
La causa está en la falta de oportunidades para la juventud de nuestros barrios. Está en la desigualdad social de un sistema en que unos tienen todo y una gran mayoría vive en condiciones de pobreza e indigencia extrema. Está en la desmoralización de las familias. Está en la falta de incentivos para los encargados de su combate, cuyo salario mensual se queda siempre en manos del prestamista.
Está en la falta de un plan estratégico de los organismos que deben velar por su prevención y combate. Está en la falta de equipos de alta tecnología, para que ellos puedan realizar un mejor trabajo. Está en la falta de ayuda del principal país consumidor, que muestra más interés en el narco-lavado que en el combate a su consumo y distribución. Está en las debilidades de un código procesal penal, que se ha convertido en la burla de los narcos y la delincuencia.
Es muy fácil descubrir quiénes anda en malos pasos. Quién, ganando entre 25 mil y 50 mil pesos mensuales puede tener fincas, mansiones, grandes negocios y vehículos de lujo. Quién, que nunca ha sabido lo que es trabajar, de repente muestra fortunas tan asombrosas y tantos niveles de lujo que ofenden a la vista de cualquier mortal.
Dejemos el engaño. Ese flagelo tiene fuertes tentáculos, goza de muchas influencias y tiene los medios económicos para comprar impunidad. Hay mucha oferta porque hay fuerte demanda. Quienes la consumen están en todos los estamentos sociales y conviven entre nosotros.



