No te atormenta mi dolor, pero me entierras como a un rey
Agosto 19, 2008
Por Alejandro Santana.-
Hemos perdido la capacidad de preocuparnos del dolor del otro sin importar que sea la madre, el padre, el hermano, o un amigo y aunque quien sufra por alguna dolencia se acerque a nosotros en procura de ayuda, somos insensibles y la mayoría de las veces les negamos la ayuda requerida o simplemente lo entretenemos.-
Tal es el caso de un amigo que durante mucho tiempo tuvo a un pariente postrado en una cama y todos los meses debía disponer de una considerable suma de dinero para gastos de viaje, médicos y medicinas, dinero que algunos meses no podía conseguir con su trabajo por lo que tuvo que tocar puertas que nunca se le abrieron pese a las promesas que recibía.-
Ese amigo sufrió en carne propia el dolor de su pariente, la dejadez y la charlatanería de sus amigos y compañeros de partido que siempre le prometieron el dinero que se gastaría el siguiente mes, dinero que nunca apareció en los meses de lecho y necesidad de él y su pariente enfermo.-
Sin referirme a nadie en particular aunque el hecho es traído de la vida real, es una preocupación que cada día seamos tan insensibles frente al dolor del otro, al extremo que no nos interesa ayudar aunque podamos y si por alguna razón lo hacemos lo hacemos públicamente para que todos se enteren.-
Pero si morimos, aparecen esos amigos y parientes que no nos dieron la mano amiga para hacernos un entierro a la altura de un rey, nos colocan alrededor del ataúd varias coronas caras y vistosas y hasta pelean para que no nos entierren en la caja que humildemente nos pudieron comprar o nos regaló el ayuntamiento.-
Es una práctica que debe llenarnos de vergüenza y obligarnos a ser más humanitarios frente a la desgracia de nuestros amigos o pariente, porque seguir haciéndonos los hipócritas no nos enaltece, sino que por el contrario nos convierte en los bufones del circo.-



