Lagrimas por dos amigos
Agosto 25, 2008
Por Bienvenido Matos Pérez
No se, no tengo la menor idea de que le pasa a la muerte con nosotros pues en los últimos meses se ha paseado desafiante, agresiva, implacable y nos ha herido con su guadaña de maldad, arrancándonos de la vida a hombres y mujeres de nuestros afectos y nuestra mas profunda valoración.
Mi madre solía decirnos: – Mis hijos, no es bueno contar los muertos, frente a la muerte solo nos queda resignación y he pensado ahora que tengo dominio de las cosas, que soy adulto, que las palabras de mi madre querían significar que contando los muertos uno sin saberlo podría incluirse en la lista de los futuros habitantes de la eternidad.
Por ello reflexiono en voz alta, con un dejo de impotencia, si, tantas muertes de ciudadanos apreciados, de compueblanos, de seres humanos, de tanta valía acaecidas en los últimos días nos hacen recordar que la muerte como una sombra va a sida a nosotros. Pero particularmente lo hago en ocasión de dos acontecimientos infaustos acaecidos en este fin de semana. La muerte del DR. Manuel De Jesús Pérez Espinosa (La potencia) Abogado, profesor universitario y hombre de probada honestidad, tribuno que engalano con su verbo encendido, rico en metáforas y poesía los estrados de toda la república.
Fue abogado brillante porque le vino desde su juventud la inclinación por las ciencias jurídicas, siendo todavía un muchacho que ayudaba a sus padres en las labores agrícolas de su terruño en el legendario y vetusto hoy municipio del Cachón.
Este ciudadano a quien ponderamos ejerció varias funciones publicas desde las que dio lustre y brillo a sus ejecutorias, fue Senador por la provincia de pedernales, Diputado y Sindico por el Municipio de Barahona, Sindico de el Municipio de Montecristi, posiciones desde las que le sirvió al país con esmero y dedicación, actuaciones estas que lo engrandecieron a todo lo largo de su existencia, su paso por la cátedra universitaria lo consagro como un profesional que amo el trabajo y que lo ejerció como forma de servicio y como forma de ganarse la existencia con dignidad.
Fue en la carrera de abogado donde realizo sus mayores sueños porque fue abogado de cuerpo entero y por que paso por esta profesión litigando con altura y con la elegancia de un orador forense, fue un investigador jurídico en la época en que los abogados creían que el derecho era ciencia y arte, las audiencias en que participaba parecían cátedras por la elegancia y la profundidad de sus defensas, lo que le valió en toda la comunidad el sitial de ser uno de los mejores abogados de la provincia.
Paso por el ejercicio de esta cuestionada profesión como pasan los cisnes por el fango, sin enlodar una sola de sus plumas, sobreviviendo así al criterio publico de que era bueno en el ejercicio como era bueno en la seriedad.
Su muerte priva a las futuras generaciones de la orientación sensata de un buen abogado que supo orientar y persuadir con la firmeza de un abogado litigante y con la dulzura de un orador encantado. El Manuel De Jesús Pérez Espinosa que descendió al sepulcro el sábado 23 de agosto a las cuatro de la tarde fue hombre y como hombre estuvo sujeto a pasiones pero supo apartarse con tiempo, con tranquilidad de las pasiones de la política y supo aportar su granito de arena para que este mundo fuera cada día mejor.
Siempre he creído que la vida es como un árbol sicomoro, gigante que cuando muere un hombre bueno es como si se desprendiera de ese árbol una rama para que otras vuelvan a nacer después, por ello frente a su memoria me inclino respetuoso deseándole desde mis adentros, ¡que descanse en paz!
El otro acontecimiento Luctuoso que motiva este comentario lo constituye la muerte de Fernando Villanueva (Cunan), joven de extracción humilde que creció con nosotros con su guitarra a cuesta, un autentico trovador, un jilguero que perturbo el silencio sempiterno de los barrios en los que creció y se desarrollo con el sonido melodioso de su voz y las notas sublimes de su guitarra que nunca lo abandono.
Falleció en un accidente de motor cuando fue envestido en la ocasión en que se trasladaba del distrito municipal de la lista hasta la provincia de Barahona, regresaba de cumplir compromisos de trabajo en el motor que era su medio de trasporte, acompañado de dos de sus músicos, Fernando Villanueva (cunan) nunca estudio música, ni era egresado de las aulas de canto de el conservatorio Nacional de Música, era un músico de pueblo, que conoció el lenguaje de la gente común que sabia de las miserias en que vivían los barrios de su querida Barahona y a esa gente le canto con entrega, con dedicación, siempre nos decía – Yo en la vida solo tengo mi guitarra, mi voz y un pueblo a quien le gustan mis canciones.
Luis Antonio Sánchez me lo presento un día como el lucho gatica de Barahona, en la ocasión en que participaba en uno de los tantos festivales de la voz que aquí se organizaron y creo que Si este hombre de pueblo hubiera tenido el apellido sonoro de uno de los tantos que hoy se hacen llamar artistas hubiera sido un triunfador, pero en nuestro país a los que nada tienen se les ha negado hasta el derecho a la existencia y por eso hombres como Fernando Villanueva no pueden trascender mas allá de la frontera de sus barrios, de sus pueblos que son al fin de cuenta la tumba de sus aspiraciones.
Si fuera a ponderar a Fernando Villanueva uno podría decir sencillamente que fue bueno por que desde la humildad de su arte hizo todo lo que pudo para que la juventud se encausara por caminos distintos y en esos avatares, en sus luchas por una existencia digna, en sus desvelos por vivir del sudor de su frente la muerte lo sorprendió cantando, con su guitarra acuesta, como vivió durante todos los días de su vida.
¡Descansa en Paz Fernando Villanueva, que tu inmortalidad esta sembrada en el corazón de nuestro pueblo y un día tus canciones, tu canto Barahona lo cantara la juventud, lo hará suyo, también la gente, como única forma de recordarte!
El autor es Abogado y Poeta.



